Como
siempre uno cree aprender cosas de la montaña, tal vez así sea, ya desde que
soñamos con ellas. Una imagen, una línea, un camino, una foto, un texto, algo
que nos contaron ó solo un sueño dispara la acción.
Me pregunté
si el miedo y la duda me invadía, y si, creo que lo hacia por primera vez. La
seguridad en uno mismo se pierde a veces, vaya a saber por que. Ahora entiendo
más a aquellos amigos que pasaban por esto. Las voces interiores no pueden
olvidarse nunca. Hay veces en que uno deja de creerse inmortal ó invulnerable,
piensa largas horas sobre todo por la noches antes de dormirse. Trato de
imaginarme en las líneas de aquel camino soñado, de aquella montaña
anhelada,tratando de preveer todo lo que puede pasar.
No hay
forma de retroceder, pero el pensar es suficiente para generar una
incertidumbre que solo se disipa en la montaña misma cuando se esta ahí, al pie
de vía.
Aquella aguja de granito que sube cientos de
abrumadores metros tiene un nombre y un espíritu único que se lo ha dado esa
cordada que una vez la creyo posible y que anduvo dandolo todo por ahí, su
figura me trae recuerdos de aquel amigo con el que comparti momentos intensos y
una lucha para porder volver a la tierra.
Miro esos clavos medios torcidos que cuelgan
del portamaterial que voy preparando y recuerdo a los compañeros con los que
los metíamos a fondo haciendolos cantar intensamente. Cada golpe del martillo
trae a mi cabeza una avalancha de recuerdos de montaña y eso me alegra mucho.
El equipo gastado, mellado, heridas del metal llenas de recuerdos, las primeras
pédulas, la mochila apaleada, descolorida, casi risueña , ya tienen una vida
propia de recuerdos.
Cuando las cosas se ponen interesantes, de
estos afilados montones de rocas no se sale por el hecho de querer salir nomás,
ó de desear estar abajo, sino que se debe luchar mucho para lograrlo. Esto es
un juego mental. Así sean 4 largos en un día de sol, a veces las cosas pasan de
ser hermosas a una batalla por volver a pisar tierra. Y el único resguardo que
logra tu mente en esos duros momentos son los ojos de tu amigo en el que
confias ciegamente porque esta atado tanto a tu cintura como a tu alma. Y cuando
la tenue luz de su linterna se desvanece en la fría noche en busca del proximo
rapel, y vos estas solo colgado de un par de clavos, ansioso por sentir el
"libre", ahí entendes lo que significa la cordada. Más abajo ya al
pie de ese sueño interminable, te abrazas en la verdadera cumbre y casi se te
arrancan las lágrimas de los ojos. Por esto una vuelve, vuelve y vuelve, es
montaña.
Hay puntos donde la mente de uno cede, ya no
es posible seguir subiendo porque aunque el físico aún responda, la cabeza no
da más, se agota, puede ser el vacío, la exposición, la incertidumbre, un paso
delicado, miedo, tantas cosas. Ahí el compañero pasa adelante y resuelve
felizmente las cosas. Eso es una cordada.
Siempre hay que saber escuchar, la duda del
otro es la máxima certeza, en los ojos del compañero esta la solución. Solo
hace falta una mirada para entenderlo todo y saber hasta donde se puede llegar.
Dos vidas intensamente unidas, para llegar a lo mas alto, eso es una cordada.
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