La aguja Poincenot (3002m) es parte de una formidable intrusión batolítica de la Patagonia, parte del cordón del Fitz Roy. Esta aguja de granito tiene una ruta, la más clasica que se llama Rampa Willans-Cochrane, en honor a sus aperturistas.
Ya en 2001 habíamos intentado esta ruta con Juan Pablo Mosconi , alcanzando el hombro de la aguja luego de mucho esfuerzo ( Ver relato "Patagonia, un paraíso con mal caracter"). Finalmente en 2003, estando los dos en Paso Superior, con diferentes compañeros pensando en subir el Fitz Roy, y habiendo ambos fracasado, me uno con Diego Lara del Club Andino Buenos Aires y juntos decidimos encarar esta aguja increible, que para nuestra experiencia era un paso tal vez demasiado alto. Pero bueno como nuestro objetivo era el Fitz Roy, al bajar a la Poincenot creo se nos hizo mentalmente más sencillo tal vez. En la memoria quedan recuerdos vívidos de momentos, esfuerzos, incertidumbre... simplemente montaña.
Trepando la Poincenot - Diego Lara (CABA) y Miguel F Kvarta - 2003
Con cada salida a la montaña se va aprendiendo una enorme
cantidad de cosas, ya sea de uno mismo, de los amigos y de la naturaleza .
Tuvimos unos 22 días de mal tiempo, lluvia, nieve y
viento fundamentalmente, esto lo muestra el hecho que en ese tiempo solo
pudimos subir una sola vez a Paso Superior y no logramos avanzar ni un metro
más.
Con mi compañero Ariel Arico estabamos bastante frustrados, yo ya sabía como son las
cosas en Patagonia, uno va mentalmente preparado para no poder hacer nada
durante un mes, pero cuando realmente ocurre, uno lamenta los meses de
planificación, el dinero gastado y los sueños que se van con la lluvia.
Esta experiencia me enseño mucho, se aprenden muchas
cosas haciendo tortas fritas en Rio Blanco durante 20 días, un montón de
experiencia. Se aprende a tener calma, a dominar los nervios, a estar listos
siempre, se aprende del clima, se aprende a hacer Goulash. Se aprende a
retroceder cuando es necesario. Se aprende a bajar con viento blanco, se
aprende a dominar temores, incertidumbres. Se aprende mucho de la idea de no
haber hecho nada más que comer. Se aprende a respetar la montaña. Se
conocen grandes amigos de muchos países, amigos de Austria ó de Alemania, con
ellos compartimos largas charlas, dificultadas por la lengua, pero muchas veces
una taza de té que se le prepara a un tipo que baja agotado valen más que mil
palabras.
Lamentablemente el tiempo se acababa, ya teníamos que
bajar el equipo que teníamos en Paso Superior y yo tenía la posibilidad de
quedarme unos días más, por suerte
estaba un amigo de otros años del CABA (Diego Lara) y llegamos a un
acuerdo. Todo se dio, el cambio de pasaje sin problemas, las dos birras que
subí a Rio Blanco, el mismo nivel de experiencia y conocimientos, las dudas
mutuas que surgen respecto del otro, etc.
Ambos tenemos el mismo sueño, hacer el Fitz alguna vez,
asi que el día 13, pinto la presión, el día y subimos al Paso. Llegamos a eso
de las 19hs, nos
tiramos a dormir a las 23 y nos levantamos 0:30hs. Todos cometemos errores. De
todas maneras salimos, los momentos previos son puro nervio, ansiedad, no se
duerme nada, tal vez por saber que es un salto grande, de la Guillo ó la S al
Fitz. La idea era ir, entrar hasta donde se pueda y hacer experiencia. Sabíamos
que las posibilidades de hacer cumbre eran nulas, pero el Fitz es un imán
enorme para cualquier montañista.
En una hora y cuarto llegamos a la rimaya , la pasamos
sin problemas, este año estaba muy facil. La brecha comienza en un neve a unos
50° acanalado, eran las 2:00 am. Sabíamos que la brecha estaba toda fijada, asi
que esto nos iba a acelerar, nos autoaseguramos a las cuerdas y le dábamos
escalando en ensamble, el primero ponía seguros por si saltaban las cuerdas
fijas que estaban metidas en la nieve. El problema de la Brecha es que cuando
uno abandona el primer neve entra en terreno mixto, el que va a abajo es
impactado por todo lo que suelta el de arriba de la roca, solo veía lo que
tenía enfrente de la cara iluminado por la linterna porque continuamente caen
cosas y no es bueno intentar mirar más arriba. Es una hermosa escalada mixta de
día pienso, de noche no se sabe que pasa, donde se esta, que hace el primero,
ni cuanto falta para salir. Lo peor son tres resaltes cortos de 90° de hielo
cristal fino de unos 5 mts, los hice con una mochila a la espalda, tratando de
no colgarme de la cuerda fija, fue bastante duro y a la vez hermoso, las
piquetas estaban recontentas, veía las estrellas cerca de la Guillo. Sentíamos
bramar el viento en el col, comenzaron a entrar nubes por el lado de la Guillo,
yo estaba cansado y con sueño, los gemelos destruidos, eran las 5:00am.
Habíamos tirado 5 largos, habíamos pasado la bifurcación
del canal, Diego tenía hambre y sueño. Estaba todo dicho, a rapelar. Amaneció
en la rimaya, el viento nos tiraba al piso
mientras cruzabamos el glaciar, recuerdo nuestras figuras proyectadas
sobre las paredes de la silla. Pesto mal.
Aprendímos que la Franco no tiene 14 largos sino 20,
muchos de ellos mixtos muy duros y para los que hay que estar bien preparados,
física y mentalmente.
Viendo que las posibilidades de hacer cumbre en el Fitz
eran muy bajas, sobre todo por el clima de la temporada, lo mixta que parecía
estar la vía, y sabiendo que la Poincenot estaba más a nuestro nivel, decidimos
entrarle cuando volviera el buen tiempo.
Paso Superior, un atardecer memorable, el viento sur pinta un extraño penacho hacia el norte sobre la Poincenot y el Fitz Roy, hoy hay cambio de luna, la altura disminuye constantemente en Rio Blanco, una noche hermosa.
Salimos a las 4 de la cueva, a las 7 am ya habíamos
pasado el embudo y estabamos al comienzo de la rampa Whillans, a las 9:30 ya
estabamos en el final, entrando en la chimenea de mixto/5+. Le entro a la chimenea con botas rígidas, a
veces usaba grampones, otras me los sacaba, piqueta, cintas, sopapas, etc, no
me sentía para nada comodo, (falta de experiencia en mixto), salí en el lugar
equivocado esto nos demoró una hora. Dejamos las mochilas en el hombro de la
Poincenot.
Dia lindo, me asomé con ansiedad para ver el Torre, lo
pude ver por unos segundos ya que se venía empestando del Oeste rápidamente, de
todas maneras estábamos adelantados a los tiempos que habíamos calculado,
dijimos "ya estamos en la cumbre, falta lo más facil", era el
mediodía aproximadamente.
Seguimos con las rígidas sin grampones, en ensamble, el
viento que por momentos era intenso traía nieve y a veces dejaba pasar el sol,
terreno fácil con resaltes de 5to con rígidas, rocas con verglass. En los
momentos en que las nubes eran más densas,
dije varias veces: "creo que no vamos a llegar a la cumbre",
el terreno era muy trabado, con enormes bloques a los que había que buscarle la
vuelta, estábamos apurados, no se veía claramente por donde ir, faltaban unos
150mts para la cumbre, pesto intermitente, se nos corta una de las cuerdas con
una piedra que dejamos caer, la otra estaba fea. Ese fue un momento decisivo,
nos miramos con Diego, nos tomamos unos segundos para pensarlo y seguimos,
pusimos huevo a morir, seguimos escalando con una cuerda, sabiendo que
probablemente nunca volveríamos a hacer todo esto otra vez, “la cumbre es ahora
ó nunca”. Cualquiera que hubiera dicho “basta” era suficiente para que nos
pegáramos la vuelta.
Nunca habíamos escalado juntos, pero nos conocíamos,
respetábamos mucho la opinión del otro y nos teníamos confianza.
No llegábamos más a la cumbre que parecía estar ahí
cerca, una cosa que debe ser fácil con pédulas nos demora horas enteras,
tratando de superar resaltes, fisuras incomodas llenas de nieve y verglass. La
ruta a seguir no nos era para nada clara, había un mundo de posibles ascensos a
la cumbre, un laberinto de pilares y bloques de todos los tamaños.
Un frio muy intenso traían las nubes mas espesas, los
mosquetones se me pegaban en la piel, nunca había visto congelarse todo en
segundos, teníamos las cejas y las barbas blancas. Quedaba un último resalte de
unos 4 mts, estuve por decir basta, se puso realmente feo el tiempo, busco por
un lado, placas con verglass, por el otro, un resalte más alto, el tiempo que
me apuraba, estaba de primero y estaba dudando mucho, pensaba en Diego, uno
sabe lo que es estar esperando sin saber lo que pasa más arriba, más aún cuando
las cosas no pintan bien, en eso se abren las nubes, es increíble como te anima
un rayo de sol, tenía que pensar rápido, huevo a morir, en serio, huevo, mucho
huevo, la cumbre que se veía tan cerca.
Me frenaba una fisura de 10cm por 4mts vertical, estaba
con botas rígidas, las que no me calzaban en la fisura, me sentía torpe, había
nieve por todos lados, rodear el lugar significaba descender, buscar otro
camino y perder mucho tiempo. Estuve unos minutos probando cosas que no daban
resultado, no tenía ningún camalot 4 del cual hubiera podido colgarme, me trepé
unos metros y lancé un lacito a una piedra empotrada al final de la fisura,
después de varios intentos pasó por detras, la pruebo un poco, me cuelgo, pongo
un estribo y me asomo al borde del resalte, nado en la nieve, manoteo algo y
por fin estoy arriba.
Faltan 50m para la cumbre que ya esta ahí, huevo a morir
de Diego que se asoma del resalte con un manotazo y ambos gritamos como
enloquecidos "¡VAMOS CARAJO, VAMOS CARAJO!". Ensamblamos a solo 30mts
porque no nos óiamos por el viento y el terreno era tan trabado que no tenía
sentido estar tan lejos. Faltaba otro resalte, más adherencia sobre verglass,
ya no queremos más de esto, me arrastro a caballo por un lomo de roca curvo de
4 mts hasta la cumbre misma, no se veía nada, de a ratos la laguna verde, llega
Diego, no hay emoción , ni felicidad, una palmada, una sonrisa y abajo, sabemos
que estamos en el fondo de un profundo abismo del que hay que salir cuanto
antes.
Tomamos una foto de la cumbre, el viento es insoportable,
no podemos disfrutar de nada, hacía un frío intenso, estámos empapados, ahora a
rapelar por quien sabe donde, son las 18hs.
La vía no se
rapela por donde vinimos. Por suerte encontramos todos los rapeles, los famosos
diedros, que estan caminando de la cumbre hacia la Exúpery, este punto era uno
de los que más me preocupaba cuando subíamos, eso de rapelar por donde no se
sube no me gusta para nada, sobretodo con mal tiempo.
Mejora el clima,
no se traba ningun rapel, hacemos las cosas bien, estamos concentrados,
sobretodo para no pasarnos del hombro, hay que ir atentos al Este, despues de
16 rapeles llegamos al embudo, lo equipamos nuevamente y a las 1 am, estamos
afuera de la vía, todo rapelado con gran seguridad, ahí festejamos.
Llegamos a Paso Superior a las 2 am, nos mandamos un
salamin y un poco de queso. Dos cuerdas nuevas no sirven más, nos falta un
camalot 2 que se quedó enamorado de una fisura cuando se cortó la cuerda. Fue
el tarazcón de la Poincenot.
La parte “facil” nos demandó unas 5 horas, llegar a la
tan temida rampa me hacía sentir en casa, la llegué a querer mucho cuando vi
que la alcanzábamos, desde abajo se vé más impresionante de lo que realmente
es.
Llegamos a la cumbre solamente porque pusimos huevo como
yo nunca en mi vida de montañista había puesto, había decenas de razones para
no seguir hacia la cumbre, pero seguimos, tuvimos suerte, bajamos mas fuertes,
más montañeros, mas hombres diría, por primera vez entendí lo que es escalar en
la patagonia, el resto fue casi un juego.
Miguel Florian Kvarta

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